sábado, 6 de junio de 2015

UN UNICORNIO SE METIÓ EN NUESTRA VIDA Y LA PUSO DEL REVÉS


Imagen tomada de: http://elguardabarros.blogspot.com/


-Camello, ¿qué haces ahí, tan solito?
-Nada.
-Por eso me extraña, porque no estás haciendo nada. Estás ahí, cabizbajo, debajo de la palmera…
-Que nada, Ampalito. No hacer nada.
- Tú estás triste. ¿Te acuerdas de Túnez?
-No, no ser eso.
-¿Me lo quieres contar, Camellito? Cuando uno está triste y lo cuenta, está un poco menos triste.
-¿Seguro?
-Seguro.
-Vale. Yo contar. Ser el Rinoceronte. Estar muy raro. Preocupar.
-¿Qué ha pasado? ¿Os habéis enfadado?
-No. Empeñar en ser un unicornio y… - el pobre Camello ya no pudo seguir porque empezaron a caerle unos lagrimones muy gordos.
-¿Qué le pasa al Camello?- preguntó el Koala que salía en ese momento a la terraza para comerse unas flores.
-Que está triste, Koala- le respondió Ampalito, mientras cogía en brazos al Camello y le consolaba.
-¿Quieres una bolita de sueño?- le ofreció –. Si te duermes un rato, se te pasa todo.
-No querer dormir- dijo el Camello entre hipidos.
- Qué si tonto, que así se te pasa…
- Déjale, Koalita, ahora no le apetece dormir. Tú ponte con tus flores. Vamos Camellito, cuéntame qué pasa.
-Que al Rinoceronte meterse en su cabezota que querer ser un unicornio y yo no querer que sea unicornio. Mi amigo ser rinoceronte y no un unicornio.
-Pero… ¿por qué quiere ser un unicornio?- preguntó Ampalito, intrigada.
-No saber. Pero pasar todo el día corriendo para no tener culillo y estirar patas para ver si crecer.
- Y ¿tú crees que así se va convertir en un unicornio? – preguntó Ampalito, sin poder contener la risa.
-No saber. Yo sólo saber que no querer que ser unicornio.
-Bueno, ¿qué te parece si le llamamos y hablamos con él?
-Enfadar. Estar convencido.
-¿Quién se va a enfadar?-preguntó el Elefantito, que salía a la terraza a cotillear.
-El Rinoceronte- contestó Ampalito-. ¿Tú qué sabes de por qué quiere ser un unicornio?
-Pues que ahora le ha dado por ahí. Yo creo que es por la Jirafita… El otro día la Jirafita y yo estábamos viendo una película en la que salía un unicornio y dijo que le parecía muy guapo…
-Y él decir mí, que como tener cuerno, podría ser tan guapo como unicornio si crecer…
-Y se ha puesto como loco a hacer ejercicio: carreras, estiramientos… ¡Ufff! Nos tiene agotados! No para cuando bajamos al parque…
-Y se ha puesto una foto de un unicornio en el ordenador-dijo el Koala entre flor y flor.-A mí no me gustan los unicornios. Parecen un poco tontos. Seguro que no me lleva a los sitios tan bien como el Rinoceronte.
-¿Qué os parece si le llamamos y hablamos con él?- preguntó Vicentito que se acababa de incorporar al grupo-. Si le decimos que le queremos como es, a lo mejor lo deja, ¿no os parece?
- Vale – dijo el Elefantito. ¿Llamamos a todos?
-Sí.
-¡Eh! Bichos! ¡Venid! ¡¡¡Hay asamblea de la casita!!!
Pafff! (el Rinoceronte se chocó con el Elefantito)
-¡¡¡Jo, Rino, me has hecho daño!!!
-Perdona, es que venía haciendo una carrera…
-(Qu)é (p)asa?- interrumpió el Pulpo.
-¿Y la Jirafita? -preguntó Vicentito.
-¡Ya voy! ¡Me estaba probando el vestidito nuevo! ¡Qué prisas!
-Bueno, ahora que estamos todos-empezó Vicentito-, ¿qué es eso, Rinoceronte, de que quieres ser un unicornio?
El Rinoceronte se puso todo rojo y agachó la cabeza, sin responder.
-¡Es verdad! – saltó el Koala-. Estás todo el rato mirando la foto de ordenador y mirándote al espejo para ver si ya te pareces. A mí no me gustan los unicornios: parecen muy tontos.
-A (m)í (t)ampoco: (S)on (p)ijos y no (s)aben (j)ugar (c)omo tú. A (tr)ucha (t)ampoco (g)usta- dijo el Pulpo, sacando su trucha de plástico que lleva consigo a todas partes, su mascota, dice.
-Venga, Rino, ¿por qué quieres ser un unicornio?
-No sé- contestó el pobre Rino, todo avergonzado-. Son guapos.
-Y ¿tú no lo eres?- le preguntó Ampalito.
-No sé…
-¡Claro que eres guapo! – le dijo la Jirafita-. ¿Estás tonto o qué?
-¿Tú crees que soy guapo?- preguntó el Rinoceronte, mirándola esperanzado.
-Pues… ¡Claro!
- Pero…
-Yo triste. ¿Tú ser amigo mío?
-Sí, somos los más mejores amigos. ¿Por qué lo preguntas?
-Tú no ser amigo si ser unicornio. Yo ser amigo de Rinoceronte porque ser bruto, generoso, gracioso, ayuda… - y no pudo seguir porque se le saltaron unas lagrimitas.
-¡Qué bonito lo que has dicho, Camello!- le contestó Vicentito-. ¿Ves, Rinoceronte? Lo importante de un amigo no es que sea guapo. Jirafita, ¿a ti por qué te gusta el Rinoceronte?
-Pues… por muchas cosas. Me ayuda a llevar la maletita, me enseñó muchas cosas cuando era pequeñita, me cuida, es divertido, hace unos planes muy buenos…
-Pero con lagunillas ¿eh?- dijo el Koalita que, raro en él, no se había dormido.
-¿Cómo leer historias a medias si tú ser unicornio? Seguro que no querer A lo mejor si ser unicornio no gustar jugar a la guerra de las galaxias, ni a los romanos, ni a los caballeros, ni a…
-Si fuese un unicornio ¿ya no haría esas cosas? –preguntó el Rinoceronte muy preocupado, porque eran las cosas que más le gustaban hacer.
-Puede que no, Rinoceronte- le contestó Ampalito-. Tú quieres ser otro animalito diferente al que le gustan otras cosas. Además, nosotros te queremos a ti porque nos gustas como eres, no porque seas guapo o feo o más alto o más bajo.
El Rinoceronte se quedó pensativo mirando a todos sin saber que decir. El Camello le preguntó: ¿Tú no ser más unicornio?
-No. Seré un gran rinoceronte amarillo tocador de tambor- exclamó orgulloso.
-¡Bieeeeeenn!- aplaudieron todos- ¡Fuera unicornios!- gritaron mientras eliminaban la foto del unicornio del ordenador, y la Jirafita le daba un sonoro beso en el cuerno que le hizo cambiar de color.

 Y, amigos, así fue como conseguimos sacar de nuestra vida al unicornio que la puso del revés.


Los Bichos y Amparo Gómez-Rey, en la Casita, el día 6 de junio de 2015.

Todos nuestros cuentos pedagógicos se encuentran aquí

domingo, 10 de mayo de 2015

Zen cotidiano




Este viernes decidí pasar una tarde muy agradable sentada en la terraza de mi casa y me cogí este libro que, hacia tiempo, tenía entre el montón de pendientes de leer. El título me pareció muy adecuado para lo que pensaba hacer: disfrutar de las pequeñas cosas de la vida (el sol, las flores que mi pareja cuida con todo el mimo del mundo, el canto que te ofrecen los pajaritos y cómo no, el ruido provocado por el imbécil (esto no es muy Zen, pero la mala educación me molesta mucho) que pasa con su coche con la música puesta a un volumen que puedes oír desde un piso tercero, las conversaciones a pie de calle en las que, también, puedes participar desde un tercero...) y prestar atención plena (mindfulness, para los que sois bilíngües).

Disfrute mucho la verdad. El libro (de José Santos Nalda Albiac) es muy práctico e interesante (me lo leí de tirón) y permite un acercamiento sencillo a eso que nos parece tan "extraño" del Zen.

No os asustéis. El Zen no es una religión ni cosas raras de esas que hacen los monjes budistas o que hemos visto en las películas. Simplemente es vivir la vida, disfrutando de ella. ¿Os suena? Ahora, como la felicidad, está de moda, pero no es nada nuevo.

La leyenda cuenta que el Zen tuvo su origen en el budismo fundado por Siddharta Gautama, conocido después como Buddha. Siddharta nació en el año 624 a.d. C. Su padre, el rey Suddhodana, le protegió durante 29 años, manteniéndole en su palacio y evitando que conociera las miserias del mundo en el que realmente vivía. Siddharta decidió, con esta edad, salir al mundo y conocer lo que había más allá de los muros de su palacio. La desolación le alcanzó de tal manera que durante muchos días quedó absorto en la misma reflexión sobre el sentido de la vida. De está experiencia y de el camino que decidió seguir nació la practica del Zen.

El libro ofrece dos niveles de lectura, ejercicios que nos pueden ayudar a calmar la mente y enfrentar situaciones difíciles que nos van ocurriendo cada día como tomar decisiones, reducir el estrés o simplemente sentirse bien. Por otro lado, nos va presentando, de manera muy amena y sencilla, cómo piensa el Zen y cómo se pone en práctica en la vida cotidiana, en la ducha, mientras preparamos la comida, en el camino al trabajo, trabajando... sin necesidad de raparnos el pelo, romper con nuestra vida y retirarnos a meditar a un monasterio perdido en las montañas.

Os lo recomiendo: creo que puede ser muy útil para el día a día. Yo ahora voy a empezar una segunda lectura más en profundidad. Para que vayáis pensando un poco, os dejo, junto a esta imagen que me parece muy hermosa, algunas frases extraídas del libro.

"Debes saber que los apegos esclavizan, atan, condicionan y generan miedo, egoísmo, mezquindad, celos, soberbia, dependencia... 
Pero no te alarmes, pues para seguir la Vía del Zen no necesitas renunciar a todo, bastará un cambio de actitud, porque las cosas no son malas ni buenas en sí mismas... sólo la cuerda que nos ata a ellas lo es(...). El Zen no pide renunciar a las cosas, pero sí propone la actitud inteligente de mantenerse desapegado de todo, aprendiendo a disfrutar de cuanto nos trae el día a día, sin temor a perder, ni afán por retener".

"El Zen equipara la atención a un espejo que lo refleja todo, pero no toma nada, ni deforma, ni juzga, ni compara, ni retiene, limitándose a reproducir la realidad tal cual aparece en ese instante".

"El pájaro está alegre porque canta, no canta porque está alegre (...) Si quieres neutralizar las influencias que los factores externos causan en ti, bastará con que cambies la forma de reaccionar ante ellos".

"Se cuenta que un Brahman se acercó un día a Buda y le expuso agriamente toda suerte de críticas y reproches hacia su persona. Buda le escuchó tranquilamente en silencio y sin el menor atisbo de enfado, le dijo:
-¿Has dicho ya cuanto deseabas contra mí?
-Sí, he terminado.
-Entonces recoge cuanto has dicho y llévalo otra vez contigo, porque yo no necesito ninguna de esas opiniones."

miércoles, 15 de abril de 2015

PREMIOS DARDOS 2015


Biombo histórico me ha concedido un premio Dardos 2015. Mil gracias, maestro, por confiar en mí y hacer posible este blog. Mi primer dardo es para él y su blog:



por su gran entusiasmo y dedicación a la educación.

Otros dardos podrían ser para:

Muchas gracias a todos los que leéis este blog. Para mí, está significando mucho.


domingo, 12 de abril de 2015

¿Tolerancia o respeto?


Imagen tomada de: mafaldaymiguelitoweb.jpg


La palabra tolerancia, no me gusta nada. Se me pone la piel de gallina cuando oigo decir la manida frase "No, si a mí no me importa que haya homosexuales (aquí se puede poner cualquier otra "categoría" o "etiqueta" como inmigrantes, gordos, feos...), si yo soy tolerante."

Llevo mucho tiempo leyendo sobre el tema e intentando encontrar una definición que me permitiera explicar este sentimiento y, hoy, me he encontrado con unas palabras de José A. Marina, en su libro "Aprender a vivir" que os dejo aquí, para pensar un poco.

"Respeto es el sentimiento adecuado hacia todo lo valioso. (...) Nuestro modo de vivir se basa en el reconocimiento que los demás hacen de nuestra dignidad. Eso es el respeto. Y, también, en el reconocimiento que hacemos cada uno de nuestra propia dignidad. (...) Cuando todos los recursos psicológicos fallan, cuando mi comportamiento, o mis condiciones, no permiten ninguna autoestima, surge con gran ímpetu salvador la idea de dignidad. Una idea que es independiente del comportamiento. Yo, como persona, soy intrínsecamente valioso, a pesar de mi desastrosa conducta."

viernes, 13 de marzo de 2015

Aprender a aprender

Este vídeo me ha resultado muy útil en una sesión de formación de formadores para trabajar varios aspectos del papel del docente en cualquier tipo de educación ya sea formal o informal. De igual modo, puede servir para trabajar con las familias especialmente para educar hábitos como la autonomía y valores como el esfuerzo.




El personaje (no soy capaz de definir qué es) que acompaña al niño es una maravillosa lección de cómo ser un buen maestro, por lo que le llamaré así: Maestro.
Empieza por aprovechar el momento en el niño "quiere" aprender para iniciar el proceso. Es fácil adivinar que le ha ido motivando previamente por la forma en que él trabaja el barro y las tareas que está realizando el niño.

Propone una primera meta, difícil pero alcanzable, que va desarrollando en el niño capacidades importantes como el tesón, el esfuerzo, la motivación personal, la superación... (me encanta la cara de orgullo que pone el Maestro cuando mira al niño aprendiendo y el gesto del niño cuando lo consigue). Esta primera etapa responde a un camino progresivo: si el niño del vídeo no aprende primero a hacer los cuencos, difícilmente llegará a comprender cómo se hacen los más complejos y elaborados.

El papel que adopta el Maestro es de acompañar al niño en el proceso de aprendizaje. Por ello, va realizando distintas tareas como animar, reforzar, apoyar en el desánimo, dar ejemplo (las cosas se hacen desde el corazón, con pasión)... pero nunca juzga (deja que sea el niño el que va viendo su progreso), ni se "enfada" (gasta muchísimo barro hasta que aprende), ni impone (la mayoría de los aprendizajes en la vida que sólo se pueden lograr desde el deseo personal).

Y finalmente, me parece muy importante destacar cómo va variando y entremezclando los distintos métodos de enseñanza según la situación.

Seguro que podéis sacarle muchas más lecturas, desde el lado del alumno. Ya me contaréis.



jueves, 5 de marzo de 2015

La balanza

Este vídeo que os dejo aquí, lo he utilizado en muchas ocasiones para trabajar con distintos grupos, tanto de adolescentes como de adultos, en muy diversos contextos. 
Tiene una estética extraña que provoca y sorprende, generando sensaciones muy contradictorias, por lo que facilita mucho la reflexión y el debate.

Aunque es antiguo y fue creado para  otra cosa, a mí  me ha permitido generar muchos espacios de reflexión que han ido desde plantear el valor del trabajo en equipo hasta tratar la "estupidez humana" (valores). Como no tiene voces, sólo el sonido de la plataforma al moverse y el de la música del aparato, permite hacer muchas interpretaciones de lo que ocurre en el vídeo.

Algunas cuestiones que suelo plantear son: ¿Por qué se mueven armoniosamente en la primera escena? ¿Qué plan siguen? ¿Qué buscan cuando sacan las cañas? ¿Qué lleva al primer hombre a colocarse en el lado contrario cuando suben la caja? ¿Qué pretende el segundo hombre? ¿Por qué actúa/n del modo en que lo hacen (motivaciones, valores)? ¿Qué creéis que piensan? Los resultados, ¿corresponden con el desarrollo de la película? ¿Qué consecuencias se extrae del final? ¿Con quién os identificáis? ¿Qué hubierais hecho en esa situación? Inventar otro final.

A mí me gusta mucho trabajar la lucha por el liderazgo o por el poder y cómo las motivaciones individuales pueden llevar a las personas a crear unos planes personales que pasan por encima de todo y que, en muchas ocasiones, terminan con tremendo fracaso.

Vedlo tranquilamente en dos o tres ocasiones, seguro que le podéis sacar mucho partido.



viernes, 27 de febrero de 2015

Una pequeña historia de la hija de un obrero que fue a la Universidad


Esta viñeta de Mafalda que me encontré buscando otras cosas, me ha parecido perfecta para reflejar lo que hace unos días me dijo una mamá:
-Esto que me has ensañado hoy es muy útil pero..."-, y se quedó pensativa, sin atreverse a mirarme.
- Pero ¿qué?, ¿hay algo que no te guste?- la animé a continuar. 
- Es que... yo quiero aprender a escribir bien.
- ¿Por qué?- le pregunté, conmovida por su interés. 
- Porque quiero que mi hija vaya al colegio y no se avergüence de mí.

Esta batallita de abuela cebolleta que os he contado, me ha hecho pensar mucho y recordar algunas cosas que tenía casi olvidadas y, entre ellas, aquel viejo lema: "El hijo del obrero a la universidad".

¿Os acordáis? Supongo que muchos de los que leéis estás páginas sí, ya que, también, compartimos generación y, muy probablemente, aquellas "manis".
Para los que ya sois de la ESO (sí, soy de EGB), con esta consigna pedíamos, allá por el final de los 70, principios de los 80, igualdad de oportunidades para acceder a la educación. Pedíamos que sólo se primara el mérito académico y que hubiera una política de becas que nos permitiera desarrollar todo nuestro potencial intelectual. Creíamos en el valor de la educación como medio de empoderamiento (palabra tan de moda ahora y que ya tiene una edad), de mejorar nuestra situación social, dejando de ser pobres, de abrir puertas al aire fresco.

Dejadme que os cuente la pequeña historia de una niña que tuvo el privilegio de ir a la universidad gracias, supongo que entre otras miles de situaciones azarosas que marcan las vidas de las personas, a dos circunstancias: un padre y una beca.

Yo aprendí de mi padre que ir al colegio era muy importante. Un hombre que me demostró ser muy inteligente, que me inculcó los valores más preciados que tengo, cuido y mimo cada día: la dignidad personal, la honradez, el respeto, la generosidad... Me enseñó, que, al que estudiaba el bachillerato, le llamaban Don, y que su hija, por lo menos, ¡tenía que ser Doña! Tenía que tener un futuro mejor que el suyo.

Mi padre era albañil (preciosa palabra que ha desaparecido, sustituida por un despectivo operario) y, prácticamente, analfabeto. Sabía leer y escribir pero no lo suficiente "de cuentas" para poder aspirar a ascender un peldaño en su trabajo. Le hice, con mucho esmero, las tablas de multiplicar y, juntos, aprendimos a multiplicar y a dividir, bajo la guía de mi hermana mayor, que ya era maestra. 


Fotografía tomada de: lasonrisadeloscipreses.org/breves-reflexiones/no-pasaran-pues-si-han-pasado


Una guerra injusta le impidió
 ir al colegio y le hizo adulto con sólo 10 años, teniendo que buscarse la vida e ir con su hermana pequeña a mendigar las sobras de comida de los cuarteles, en el Madrid del No pasarán, al que fue arrastrado desde un pequeño pueblo de Toledo. 
Fotografía tomada de: eltrabajonoshacelibres.blogspot.com.es/2012/11/los-ninos-del-exilio-de-la-guerra-civil.htm

Muy probablemente, ser niño de la guerra le llevó a ser republicano y comunista, fiel seguidor de Santiago Carrillo, al que votó, con mucho miedo aún en el cuerpo, (a pesar de que Jarcha nos recordaba continuamente en la radio y en la televisión que había Libertad sin ira) en aquella fiesta de las primeras elecciones democráticas y que viví cogida de su mano, aprendiendo lo que significaba la libertad y la democracia.


Foto tomada de: foto-cache.abc.es/jpg/7/7/1339693463677.jpg

Pero, además, todas estas experiencias, creo que le hicieron muy lúcido: lo importante es aprender, ir al colegio, saber, estudiar... y yo lo hice: estudié y fui a la Universidad. 

Nunca olvidaré el primer día, cuando, con un nudo en el estómago, crucé la puerta de la facultad de Filosofía de la Complutense, dispuesta, no sólo a llegar hasta el final, sino a dedicar toda mi vida a enseñar a los demás. Allí estaba la gente que sabía (luego descubres que no sabían tanto) y una enorme biblioteca llena de libros que yo quería devorar porque me abría las puertas a un nuevo mundo (os recuerdo que no había internet, ni ordenadores ni teléfonos móviles y, aún así, conseguíamos quedar para tomar las cervecitas en Huertas o Malasaña y disfrutar de la Movida madrileña).

Pude cumplir mi sueño gracias a la política de becas, porque, a pesar de que mi padre logró ascender en su trabajo, no había dinero suficiente para pagar la matrícula, los libros, el metro... Estas becas llegaron a partir del 82 y fueron impulsadas por una persona a la que debemos empezar a colocar en el lugar que se merece en la historia de este país: Felipe González. Si Adolfo Suarez hizo posible la democracia, Felipe González hizo posible el Estado de Bienestar, ese Estado de Bienestar que se nos ha ido escapando entre los dedos gracias al trabajo concienzudo de los "famosos mercados"  (me encantaría conocer a esos "señores" algún día) y a sus acólitos extendidos por todo el mundo.



Foto tomada de: psoepozoblanco.blogspot.com.es/2012/10/30-anos-del-82.htm

Fijaros en el cartel electoral de las elecciones del 82: EL CAMBIO. La ilusión de un cambio, la mirada de Felipe, perdida en el futuro que viene.


Hoy, taitatantos años después (haced vosotros la cuenta, que yo me siento muy mayor cada vez que la hago) el futuro es presente y me pregunto, a lo largo de todo este camino, ¿qué hemos hecho con aquella educación que tanto deseábamos y que tanto iba a significar? 

Para empezar, no sé cuántas reformas educativas sin sentido, ni medios, ni expertos y, por supuesto, sin contar con las personas que están en las aulas, dejando en manos de las Comunidades Autónomas unas competencias educativas, junto con sus partidas presupuestarias, que han generado que la geografía, la historia, la lengua... de este país tenga 17 interpretaciones diferentes y que no sea lo mismo estudiar en Madrid que en Sevilla o en Salamanca porque en cada una de estas ciudades hay condiciones diferentes para acceder a la universidad, a las becas, a las diversas opciones educativas.

Y podemos seguir con un sistema educativo que no se corresponde con las necesidades formativas de nuestro mercado laboral: ¡Venga ingenieros! ¡Venga arquitectos! Pero ¿cuántos albañiles, fontaneros, electricistas... formamos? Si algo aprendí de mi padre es que para construir una casa sólo hace falta un arquitecto pero unos cuantos albañiles¿Por qué la formación profesional de verdad no existe? ¿Quizás sea porque una buena formación profesional implica mucho dinero y unos empresarios dispuestos a invertir en formación y en el futuro de sus trabajadores?

Si me voy al siguiente escalón, nos encontramos con un sistema de formación del profesorado y de acceso a la función pública que se encuentra en el polo opuesto de la realidad del aula y que ni mucho menos elige a los mejores para confiarles lo más preciado de la sociedad: los pequeños.

Además, a los verdaderos artífices del milagro, los profesores, les hemos despojado de su autoridad, y pagamos el esfuerzo que realizan cada día con menos sueldo, exigiéndoles más y envidiando sus vacaciones. Les movemos constantemente de centro para que no prospere ningún proyecto educativo coherente y les quitamos más horas de clase en favor de un bilingüismo sin pies ni cabeza.

Y para colmo, en estos días, me encuentro con que se han malgastado millones de euros en una campaña institucional cuyo único objetivo es decirnos el plazo de matriculación de los niños en el cole y, claro, de paso, vendernos la cantidad de colegios públicos y concertados (que todavía no entiendo porqué siguen existiendo) tenemos en nuestra Comunidad y con cuántos profesores nativos en inglés contamos (supongo que habrán aprobado las oposiciones igual que todos los demás). ¡Cómo "mola" estar en periodo electoral!


Foto tomada de: citashacker.blogspot.com.es/2012/09/cita-de-enrique-tierno-galvan.html

Y mientras estaba haciendo este repaso a las desgracias del sistema educativo, me entero que los peques tendrán que volver a sufrir el martirio de aquel catecismo (que me imponía mucho porque en la portada estaba el Pantocrator de Taüll) lleno de preguntas que estábamos obligados a aprender de memoria: "¿Por qué soy cristiano? Por gracia de Dios y obra del Bautismo"(pongo las comillas porque lo recuerdo textual, pero leerlo con su musiquilla correspondiente). ¿Por qué la autoridad eclesiástica de este país nuestro no escucha a su Jefe antes de diseñar un plan de estudios que, vete tú a saber porqué, tienen que hacer ellos?



Foto tomada de: adiotierraviva.blogspot.com.es/2015/01/frase-del-papa-francisco.html

¿Creéis que esta sociedad, que hemos ido construyendo entre todos, le confiere a la educación el valor que realmente tiene? ¿Creéis que tiene sentido decir "niño estudia para que el día de mañana seas un hombre o mujer de provecho"?

No sé si tiene sentido o no, pero a mí, escuchar de una persona que, prácticamente no tiene nada para comer, "Quiero aprender a escribir", me hizo recobrar la fe y darle las gracias a mi padre y a tantos padres y madres que, trabajando muy duro todos los días de su vida, le dejan a sus hijos el mejor de los legados: UNA EDUCACIÓN.

Ayudemos a esos magníficos profes que cada día van al cole con la ilusión puesta, a pesar de todas las dificultades que encuentran, y hagamos entre todos que ese legado recobre su valor: apostemos por lo que realmente merece la pena.