Imagen tomada de: http://elguardabarros.blogspot.com/
-Camello, ¿qué haces ahí, tan solito?
-Nada.
-Por eso me extraña, porque no estás haciendo nada. Estás ahí,
cabizbajo, debajo de la palmera…
-Que nada, Ampalito. No hacer nada.
- Tú estás triste. ¿Te acuerdas de Túnez?
-No, no ser eso.
-¿Me lo quieres contar, Camellito? Cuando uno está triste y lo cuenta,
está un poco menos triste.
-¿Seguro?
-Seguro.
-Vale. Yo contar. Ser el Rinoceronte. Estar muy raro. Preocupar.
-¿Qué ha pasado? ¿Os habéis enfadado?
-No. Empeñar en ser un unicornio y… - el pobre Camello ya no pudo
seguir porque empezaron a caerle unos lagrimones muy gordos.
-¿Qué le pasa al Camello?- preguntó el Koala que salía en ese momento
a la terraza para comerse unas flores.
-Que está triste, Koala- le respondió Ampalito, mientras cogía en
brazos al Camello y le consolaba.
-¿Quieres una bolita de sueño?- le ofreció –. Si te duermes un rato,
se te pasa todo.
-No querer dormir- dijo el Camello entre hipidos.
- Qué si tonto, que así se te pasa…
- Déjale, Koalita, ahora no le apetece dormir. Tú ponte con tus
flores. Vamos Camellito, cuéntame qué pasa.
-Que al Rinoceronte meterse en su cabezota que querer ser un unicornio
y yo no querer que sea unicornio. Mi amigo ser rinoceronte y no un unicornio.
-Pero… ¿por qué quiere ser un unicornio?- preguntó Ampalito,
intrigada.
-No saber. Pero pasar todo el día corriendo para no tener culillo y
estirar patas para ver si crecer.
- Y ¿tú crees que así se va convertir en un unicornio? – preguntó Ampalito,
sin poder contener la risa.
-No saber. Yo sólo saber que no querer que ser unicornio.
-Bueno, ¿qué te parece si le llamamos y hablamos con él?
-Enfadar. Estar convencido.
-¿Quién se va a enfadar?-preguntó el Elefantito, que salía a la
terraza a cotillear.
-El Rinoceronte- contestó Ampalito-. ¿Tú qué sabes de por qué quiere
ser un unicornio?
-Pues que ahora le ha dado por ahí. Yo creo que es por la Jirafita… El
otro día la Jirafita y yo estábamos viendo una película en la que salía un
unicornio y dijo que le parecía muy guapo…
-Y él decir mí, que como tener cuerno, podría ser tan guapo como
unicornio si crecer…
-Y se ha puesto como loco a hacer ejercicio: carreras, estiramientos…
¡Ufff! Nos tiene agotados! No para cuando bajamos al parque…
-Y se ha puesto una foto de un unicornio en el ordenador-dijo el Koala
entre flor y flor.-A mí no me gustan los unicornios. Parecen un poco tontos.
Seguro que no me lleva a los sitios tan bien como el Rinoceronte.
-¿Qué os parece si le llamamos y hablamos con él?- preguntó Vicentito
que se acababa de incorporar al grupo-. Si le decimos que le queremos como es,
a lo mejor lo deja, ¿no os parece?
- Vale – dijo el Elefantito. ¿Llamamos a todos?
-Sí.
-¡Eh! Bichos! ¡Venid! ¡¡¡Hay asamblea de la casita!!!
Pafff! (el Rinoceronte se chocó con el Elefantito)
-¡¡¡Jo, Rino, me has hecho daño!!!
-Perdona, es que venía haciendo una carrera…
-(Qu)é (p)asa?- interrumpió el Pulpo.
-¿Y la Jirafita? -preguntó Vicentito.
-¡Ya voy! ¡Me estaba probando el vestidito nuevo! ¡Qué prisas!
-Bueno, ahora que estamos todos-empezó Vicentito-, ¿qué es eso,
Rinoceronte, de que quieres ser un unicornio?
El Rinoceronte se puso todo rojo y agachó la cabeza, sin responder.
-¡Es verdad! – saltó el Koala-. Estás todo el rato mirando la foto de
ordenador y mirándote al espejo para ver si ya te pareces. A mí no me gustan
los unicornios: parecen muy tontos.
-A (m)í (t)ampoco: (S)on (p)ijos y no (s)aben (j)ugar (c)omo tú. A
(tr)ucha (t)ampoco (g)usta- dijo el Pulpo, sacando su trucha de plástico que
lleva consigo a todas partes, su mascota, dice.
-Venga, Rino, ¿por qué quieres ser un unicornio?
-No sé- contestó el pobre Rino, todo avergonzado-. Son guapos.
-Y ¿tú no lo eres?- le preguntó Ampalito.
-No sé…
-¡Claro que eres guapo! – le dijo la Jirafita-. ¿Estás tonto o qué?
-¿Tú crees que soy guapo?- preguntó el Rinoceronte, mirándola
esperanzado.
-Pues… ¡Claro!
- Pero…
-Yo triste. ¿Tú ser amigo mío?
-Sí, somos los más mejores amigos. ¿Por qué lo preguntas?
-Tú no ser amigo si ser unicornio. Yo ser amigo de Rinoceronte porque
ser bruto, generoso, gracioso, ayuda… - y no pudo seguir porque se le saltaron
unas lagrimitas.
-¡Qué bonito lo que has dicho, Camello!- le contestó Vicentito-. ¿Ves,
Rinoceronte? Lo importante de un amigo no es que sea guapo. Jirafita, ¿a ti por
qué te gusta el Rinoceronte?
-Pues… por muchas cosas. Me ayuda a llevar la maletita, me enseñó
muchas cosas cuando era pequeñita, me cuida, es divertido, hace unos planes muy
buenos…
-Pero con lagunillas ¿eh?- dijo el Koalita que, raro en él, no se
había dormido.
-¿Cómo leer historias a medias si tú ser unicornio? Seguro que no
querer A lo mejor si ser unicornio no gustar jugar a la guerra de las galaxias,
ni a los romanos, ni a los caballeros, ni a…
-Si fuese un unicornio ¿ya no haría esas cosas? –preguntó el
Rinoceronte muy preocupado, porque eran las cosas que más le gustaban hacer.
-Puede que no, Rinoceronte- le contestó Ampalito-. Tú quieres ser otro
animalito diferente al que le gustan otras cosas. Además, nosotros te queremos
a ti porque nos gustas como eres, no porque seas guapo o feo o más alto o más
bajo.
El Rinoceronte se quedó pensativo mirando a todos sin saber que decir.
El Camello le preguntó: ¿Tú no ser más unicornio?
-No. Seré un gran rinoceronte amarillo tocador de tambor- exclamó
orgulloso.
-¡Bieeeeeenn!- aplaudieron todos- ¡Fuera unicornios!- gritaron mientras eliminaban la foto del unicornio del ordenador, y la Jirafita le daba un sonoro beso en el
cuerno que le hizo cambiar de color.