domingo, 26 de julio de 2015

Mente Zen, mente de principiante

Mi visita anual a la Feria del Libro siempre me permite encontrar pequeñas joyas (sobre todo si das con el librero de toda la vida, que sabe lo que necesitas y quieres aunque tu no tengas ni idea) como esta: Mente Zen, mente de principiante.


Tomado de: http://libros.fnac.es/a722389/Shunryu-Suzuki-Mente-zen-mente-de-principiante

Decidí comprármelo inmediatamente porque lo de principiante se acerca mucho a mi estado mental y emocional y lo guarde para leerlo en la playa, cosa que he hecho y de la que he disfrutado plenamente, aunque sólo este en "parvulitos" de la práctica del zanzen.

Hace medio siglo Shunryu Suzuki (¿verdad que tiene cara de "buena gente"?)  pretendió acercar el Zen a los estadounidenses y viajo a San Francisco, donde creo un monasterio budista. Este libro es la recopilación de muchas de sus enseñanzas y conferencias, donde, paso a paso, trata de explicar- no explicar qué es el Zen y cómo se practica.



El libro es realmente interesante y da para muchas horas de meditación. Os invito a leerlo si estáis interesados en la inteligencia emocional y en el mindfulness: encontraréis la base de mucho de lo que se propone en estos ámbitos. Os dejo está cita a modo de ejemplo:

"Así, lo más importante para ser feliz y para hacer felices a otros es expresarte libremente tal como eres, sin intentar ajustarse intencionadamente para ser elegantes (...) De modo que debemos concentrarnos con toda nuestra mente y nuestro cuerpo en lo que hacemos; y deberíamos ser fieles, subjetiva y objetivamente, a nosotros mismos, y especialmente a nuestros sentimientos. Si no te sientes muy bien, es conveniente expresar cómo te sientes sin ningún apego ni intención particular. Así, podrías decir: Oh, lo lamento, no me siento bien. Eso es suficiente. No debes decir: Tú haces que me sienta así!"


viernes, 3 de julio de 2015

¿Sabemos que existen los derechos sexuales?


La Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) definió la salud sexual como"un estado de bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad; la cual no es solamente la ausencia de enfermedad, disfunción o incapacidad. Para que la salud sexual se logre y se mantenga, los  derechos sexuales de todas las personas deben ser respetados, protegidos y ejercidos a plenitud".

Pero... ¿conocemos estos derechos? La declaración de los derechos sexuales fue proclamada en el XIII Congreso Mundial de Sexología en 1997 y revisado en 1999 por la Asamblea General de la WAS (Asociación Mundial de la Salud Sexual).

Se recogen dieciséis derechos que se fundamentan en los derechos humanos universales. Os animo a todos a leerlos y difundirlos (pincha aquí para conocerlos).

A mí me gustaría destacar aquí algunos de ellos que me parecen especialmente relevantes como el derecho a DECIR NO, el derecho a la PRIVACIDAD y el derecho "a una EDUCACIÓN INTEGRAL DE LA SEXUALIDAD, que debe ser apropiada a la edad, científicamente correcta, culturalmente competente y basada en los derechos humanos, la igualdad de género y con un enfoque positivo de la sexualidad y el placer". 

Estos días que la bandera arco iris está presente en las calles de Madrid ondeando su simbolismo de diversidad e inclusividad (realización, dignidad, luz, amor, esperanza y anhelo), me gustaría que todos nosotros (familias, educadores, maestros...) "pensáramos un poco" sobre este tema y las consecuencias que la no aplicación de los derechos supone en cuanto a discriminación, violencia de género, enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados. Quizás si trabajamos una buena educación sexual muchos de los problemas actuales se verían reducidos.

Os dejo aquí dos vídeos que os pueden ayudar a trabajarlos y difundirlos. (hay que situarlos en el contexto en el que se elaboran, pero son muy claros y útiles)




sábado, 6 de junio de 2015

UN UNICORNIO SE METIÓ EN NUESTRA VIDA Y LA PUSO DEL REVÉS


Imagen tomada de: http://elguardabarros.blogspot.com/


-Camello, ¿qué haces ahí, tan solito?
-Nada.
-Por eso me extraña, porque no estás haciendo nada. Estás ahí, cabizbajo, debajo de la palmera…
-Que nada, Ampalito. No hacer nada.
- Tú estás triste. ¿Te acuerdas de Túnez?
-No, no ser eso.
-¿Me lo quieres contar, Camellito? Cuando uno está triste y lo cuenta, está un poco menos triste.
-¿Seguro?
-Seguro.
-Vale. Yo contar. Ser el Rinoceronte. Estar muy raro. Preocupar.
-¿Qué ha pasado? ¿Os habéis enfadado?
-No. Empeñar en ser un unicornio y… - el pobre Camello ya no pudo seguir porque empezaron a caerle unos lagrimones muy gordos.
-¿Qué le pasa al Camello?- preguntó el Koala que salía en ese momento a la terraza para comerse unas flores.
-Que está triste, Koala- le respondió Ampalito, mientras cogía en brazos al Camello y le consolaba.
-¿Quieres una bolita de sueño?- le ofreció –. Si te duermes un rato, se te pasa todo.
-No querer dormir- dijo el Camello entre hipidos.
- Qué si tonto, que así se te pasa…
- Déjale, Koalita, ahora no le apetece dormir. Tú ponte con tus flores. Vamos Camellito, cuéntame qué pasa.
-Que al Rinoceronte meterse en su cabezota que querer ser un unicornio y yo no querer que sea unicornio. Mi amigo ser rinoceronte y no un unicornio.
-Pero… ¿por qué quiere ser un unicornio?- preguntó Ampalito, intrigada.
-No saber. Pero pasar todo el día corriendo para no tener culillo y estirar patas para ver si crecer.
- Y ¿tú crees que así se va convertir en un unicornio? – preguntó Ampalito, sin poder contener la risa.
-No saber. Yo sólo saber que no querer que ser unicornio.
-Bueno, ¿qué te parece si le llamamos y hablamos con él?
-Enfadar. Estar convencido.
-¿Quién se va a enfadar?-preguntó el Elefantito, que salía a la terraza a cotillear.
-El Rinoceronte- contestó Ampalito-. ¿Tú qué sabes de por qué quiere ser un unicornio?
-Pues que ahora le ha dado por ahí. Yo creo que es por la Jirafita… El otro día la Jirafita y yo estábamos viendo una película en la que salía un unicornio y dijo que le parecía muy guapo…
-Y él decir mí, que como tener cuerno, podría ser tan guapo como unicornio si crecer…
-Y se ha puesto como loco a hacer ejercicio: carreras, estiramientos… ¡Ufff! Nos tiene agotados! No para cuando bajamos al parque…
-Y se ha puesto una foto de un unicornio en el ordenador-dijo el Koala entre flor y flor.-A mí no me gustan los unicornios. Parecen un poco tontos. Seguro que no me lleva a los sitios tan bien como el Rinoceronte.
-¿Qué os parece si le llamamos y hablamos con él?- preguntó Vicentito que se acababa de incorporar al grupo-. Si le decimos que le queremos como es, a lo mejor lo deja, ¿no os parece?
- Vale – dijo el Elefantito. ¿Llamamos a todos?
-Sí.
-¡Eh! Bichos! ¡Venid! ¡¡¡Hay asamblea de la casita!!!
Pafff! (el Rinoceronte se chocó con el Elefantito)
-¡¡¡Jo, Rino, me has hecho daño!!!
-Perdona, es que venía haciendo una carrera…
-(Qu)é (p)asa?- interrumpió el Pulpo.
-¿Y la Jirafita? -preguntó Vicentito.
-¡Ya voy! ¡Me estaba probando el vestidito nuevo! ¡Qué prisas!
-Bueno, ahora que estamos todos-empezó Vicentito-, ¿qué es eso, Rinoceronte, de que quieres ser un unicornio?
El Rinoceronte se puso todo rojo y agachó la cabeza, sin responder.
-¡Es verdad! – saltó el Koala-. Estás todo el rato mirando la foto de ordenador y mirándote al espejo para ver si ya te pareces. A mí no me gustan los unicornios: parecen muy tontos.
-A (m)í (t)ampoco: (S)on (p)ijos y no (s)aben (j)ugar (c)omo tú. A (tr)ucha (t)ampoco (g)usta- dijo el Pulpo, sacando su trucha de plástico que lleva consigo a todas partes, su mascota, dice.
-Venga, Rino, ¿por qué quieres ser un unicornio?
-No sé- contestó el pobre Rino, todo avergonzado-. Son guapos.
-Y ¿tú no lo eres?- le preguntó Ampalito.
-No sé…
-¡Claro que eres guapo! – le dijo la Jirafita-. ¿Estás tonto o qué?
-¿Tú crees que soy guapo?- preguntó el Rinoceronte, mirándola esperanzado.
-Pues… ¡Claro!
- Pero…
-Yo triste. ¿Tú ser amigo mío?
-Sí, somos los más mejores amigos. ¿Por qué lo preguntas?
-Tú no ser amigo si ser unicornio. Yo ser amigo de Rinoceronte porque ser bruto, generoso, gracioso, ayuda… - y no pudo seguir porque se le saltaron unas lagrimitas.
-¡Qué bonito lo que has dicho, Camello!- le contestó Vicentito-. ¿Ves, Rinoceronte? Lo importante de un amigo no es que sea guapo. Jirafita, ¿a ti por qué te gusta el Rinoceronte?
-Pues… por muchas cosas. Me ayuda a llevar la maletita, me enseñó muchas cosas cuando era pequeñita, me cuida, es divertido, hace unos planes muy buenos…
-Pero con lagunillas ¿eh?- dijo el Koalita que, raro en él, no se había dormido.
-¿Cómo leer historias a medias si tú ser unicornio? Seguro que no querer A lo mejor si ser unicornio no gustar jugar a la guerra de las galaxias, ni a los romanos, ni a los caballeros, ni a…
-Si fuese un unicornio ¿ya no haría esas cosas? –preguntó el Rinoceronte muy preocupado, porque eran las cosas que más le gustaban hacer.
-Puede que no, Rinoceronte- le contestó Ampalito-. Tú quieres ser otro animalito diferente al que le gustan otras cosas. Además, nosotros te queremos a ti porque nos gustas como eres, no porque seas guapo o feo o más alto o más bajo.
El Rinoceronte se quedó pensativo mirando a todos sin saber que decir. El Camello le preguntó: ¿Tú no ser más unicornio?
-No. Seré un gran rinoceronte amarillo tocador de tambor- exclamó orgulloso.
-¡Bieeeeeenn!- aplaudieron todos- ¡Fuera unicornios!- gritaron mientras eliminaban la foto del unicornio del ordenador, y la Jirafita le daba un sonoro beso en el cuerno que le hizo cambiar de color.

 Y, amigos, así fue como conseguimos sacar de nuestra vida al unicornio que la puso del revés.


Los Bichos y Amparo Gómez-Rey, en la Casita, el día 6 de junio de 2015.

Todos nuestros cuentos pedagógicos se encuentran aquí

domingo, 10 de mayo de 2015

Zen cotidiano




Este viernes decidí pasar una tarde muy agradable sentada en la terraza de mi casa y me cogí este libro que, hacia tiempo, tenía entre el montón de pendientes de leer. El título me pareció muy adecuado para lo que pensaba hacer: disfrutar de las pequeñas cosas de la vida (el sol, las flores que mi pareja cuida con todo el mimo del mundo, el canto que te ofrecen los pajaritos y cómo no, el ruido provocado por el imbécil (esto no es muy Zen, pero la mala educación me molesta mucho) que pasa con su coche con la música puesta a un volumen que puedes oír desde un piso tercero, las conversaciones a pie de calle en las que, también, puedes participar desde un tercero...) y prestar atención plena (mindfulness, para los que sois bilíngües).

Disfrute mucho la verdad. El libro (de José Santos Nalda Albiac) es muy práctico e interesante (me lo leí de tirón) y permite un acercamiento sencillo a eso que nos parece tan "extraño" del Zen.

No os asustéis. El Zen no es una religión ni cosas raras de esas que hacen los monjes budistas o que hemos visto en las películas. Simplemente es vivir la vida, disfrutando de ella. ¿Os suena? Ahora, como la felicidad, está de moda, pero no es nada nuevo.

La leyenda cuenta que el Zen tuvo su origen en el budismo fundado por Siddharta Gautama, conocido después como Buddha. Siddharta nació en el año 624 a.d. C. Su padre, el rey Suddhodana, le protegió durante 29 años, manteniéndole en su palacio y evitando que conociera las miserias del mundo en el que realmente vivía. Siddharta decidió, con esta edad, salir al mundo y conocer lo que había más allá de los muros de su palacio. La desolación le alcanzó de tal manera que durante muchos días quedó absorto en la misma reflexión sobre el sentido de la vida. De está experiencia y de el camino que decidió seguir nació la practica del Zen.

El libro ofrece dos niveles de lectura, ejercicios que nos pueden ayudar a calmar la mente y enfrentar situaciones difíciles que nos van ocurriendo cada día como tomar decisiones, reducir el estrés o simplemente sentirse bien. Por otro lado, nos va presentando, de manera muy amena y sencilla, cómo piensa el Zen y cómo se pone en práctica en la vida cotidiana, en la ducha, mientras preparamos la comida, en el camino al trabajo, trabajando... sin necesidad de raparnos el pelo, romper con nuestra vida y retirarnos a meditar a un monasterio perdido en las montañas.

Os lo recomiendo: creo que puede ser muy útil para el día a día. Yo ahora voy a empezar una segunda lectura más en profundidad. Para que vayáis pensando un poco, os dejo, junto a esta imagen que me parece muy hermosa, algunas frases extraídas del libro.

"Debes saber que los apegos esclavizan, atan, condicionan y generan miedo, egoísmo, mezquindad, celos, soberbia, dependencia... 
Pero no te alarmes, pues para seguir la Vía del Zen no necesitas renunciar a todo, bastará un cambio de actitud, porque las cosas no son malas ni buenas en sí mismas... sólo la cuerda que nos ata a ellas lo es(...). El Zen no pide renunciar a las cosas, pero sí propone la actitud inteligente de mantenerse desapegado de todo, aprendiendo a disfrutar de cuanto nos trae el día a día, sin temor a perder, ni afán por retener".

"El Zen equipara la atención a un espejo que lo refleja todo, pero no toma nada, ni deforma, ni juzga, ni compara, ni retiene, limitándose a reproducir la realidad tal cual aparece en ese instante".

"El pájaro está alegre porque canta, no canta porque está alegre (...) Si quieres neutralizar las influencias que los factores externos causan en ti, bastará con que cambies la forma de reaccionar ante ellos".

"Se cuenta que un Brahman se acercó un día a Buda y le expuso agriamente toda suerte de críticas y reproches hacia su persona. Buda le escuchó tranquilamente en silencio y sin el menor atisbo de enfado, le dijo:
-¿Has dicho ya cuanto deseabas contra mí?
-Sí, he terminado.
-Entonces recoge cuanto has dicho y llévalo otra vez contigo, porque yo no necesito ninguna de esas opiniones."

miércoles, 15 de abril de 2015

PREMIOS DARDOS 2015


Biombo histórico me ha concedido un premio Dardos 2015. Mil gracias, maestro, por confiar en mí y hacer posible este blog. Mi primer dardo es para él y su blog:



por su gran entusiasmo y dedicación a la educación.

Otros dardos podrían ser para:

Muchas gracias a todos los que leéis este blog. Para mí, está significando mucho.


domingo, 12 de abril de 2015

¿Tolerancia o respeto?


Imagen tomada de: mafaldaymiguelitoweb.jpg


La palabra tolerancia, no me gusta nada. Se me pone la piel de gallina cuando oigo decir la manida frase "No, si a mí no me importa que haya homosexuales (aquí se puede poner cualquier otra "categoría" o "etiqueta" como inmigrantes, gordos, feos...), si yo soy tolerante."

Llevo mucho tiempo leyendo sobre el tema e intentando encontrar una definición que me permitiera explicar este sentimiento y, hoy, me he encontrado con unas palabras de José A. Marina, en su libro "Aprender a vivir" que os dejo aquí, para pensar un poco.

"Respeto es el sentimiento adecuado hacia todo lo valioso. (...) Nuestro modo de vivir se basa en el reconocimiento que los demás hacen de nuestra dignidad. Eso es el respeto. Y, también, en el reconocimiento que hacemos cada uno de nuestra propia dignidad. (...) Cuando todos los recursos psicológicos fallan, cuando mi comportamiento, o mis condiciones, no permiten ninguna autoestima, surge con gran ímpetu salvador la idea de dignidad. Una idea que es independiente del comportamiento. Yo, como persona, soy intrínsecamente valioso, a pesar de mi desastrosa conducta."

viernes, 13 de marzo de 2015

Aprender a aprender

Este vídeo me ha resultado muy útil en una sesión de formación de formadores para trabajar varios aspectos del papel del docente en cualquier tipo de educación ya sea formal o informal. De igual modo, puede servir para trabajar con las familias especialmente para educar hábitos como la autonomía y valores como el esfuerzo.




El personaje (no soy capaz de definir qué es) que acompaña al niño es una maravillosa lección de cómo ser un buen maestro, por lo que le llamaré así: Maestro.
Empieza por aprovechar el momento en el niño "quiere" aprender para iniciar el proceso. Es fácil adivinar que le ha ido motivando previamente por la forma en que él trabaja el barro y las tareas que está realizando el niño.

Propone una primera meta, difícil pero alcanzable, que va desarrollando en el niño capacidades importantes como el tesón, el esfuerzo, la motivación personal, la superación... (me encanta la cara de orgullo que pone el Maestro cuando mira al niño aprendiendo y el gesto del niño cuando lo consigue). Esta primera etapa responde a un camino progresivo: si el niño del vídeo no aprende primero a hacer los cuencos, difícilmente llegará a comprender cómo se hacen los más complejos y elaborados.

El papel que adopta el Maestro es de acompañar al niño en el proceso de aprendizaje. Por ello, va realizando distintas tareas como animar, reforzar, apoyar en el desánimo, dar ejemplo (las cosas se hacen desde el corazón, con pasión)... pero nunca juzga (deja que sea el niño el que va viendo su progreso), ni se "enfada" (gasta muchísimo barro hasta que aprende), ni impone (la mayoría de los aprendizajes en la vida que sólo se pueden lograr desde el deseo personal).

Y finalmente, me parece muy importante destacar cómo va variando y entremezclando los distintos métodos de enseñanza según la situación.

Seguro que podéis sacarle muchas más lecturas, desde el lado del alumno. Ya me contaréis.