domingo, 10 de mayo de 2015

Zen cotidiano




Este viernes decidí pasar una tarde muy agradable sentada en la terraza de mi casa y me cogí este libro que, hacia tiempo, tenía entre el montón de pendientes de leer. El título me pareció muy adecuado para lo que pensaba hacer: disfrutar de las pequeñas cosas de la vida (el sol, las flores que mi pareja cuida con todo el mimo del mundo, el canto que te ofrecen los pajaritos y cómo no, el ruido provocado por el imbécil (esto no es muy Zen, pero la mala educación me molesta mucho) que pasa con su coche con la música puesta a un volumen que puedes oír desde un piso tercero, las conversaciones a pie de calle en las que, también, puedes participar desde un tercero...) y prestar atención plena (mindfulness, para los que sois bilíngües).

Disfrute mucho la verdad. El libro (de José Santos Nalda Albiac) es muy práctico e interesante (me lo leí de tirón) y permite un acercamiento sencillo a eso que nos parece tan "extraño" del Zen.

No os asustéis. El Zen no es una religión ni cosas raras de esas que hacen los monjes budistas o que hemos visto en las películas. Simplemente es vivir la vida, disfrutando de ella. ¿Os suena? Ahora, como la felicidad, está de moda, pero no es nada nuevo.

La leyenda cuenta que el Zen tuvo su origen en el budismo fundado por Siddharta Gautama, conocido después como Buddha. Siddharta nació en el año 624 a.d. C. Su padre, el rey Suddhodana, le protegió durante 29 años, manteniéndole en su palacio y evitando que conociera las miserias del mundo en el que realmente vivía. Siddharta decidió, con esta edad, salir al mundo y conocer lo que había más allá de los muros de su palacio. La desolación le alcanzó de tal manera que durante muchos días quedó absorto en la misma reflexión sobre el sentido de la vida. De está experiencia y de el camino que decidió seguir nació la practica del Zen.

El libro ofrece dos niveles de lectura, ejercicios que nos pueden ayudar a calmar la mente y enfrentar situaciones difíciles que nos van ocurriendo cada día como tomar decisiones, reducir el estrés o simplemente sentirse bien. Por otro lado, nos va presentando, de manera muy amena y sencilla, cómo piensa el Zen y cómo se pone en práctica en la vida cotidiana, en la ducha, mientras preparamos la comida, en el camino al trabajo, trabajando... sin necesidad de raparnos el pelo, romper con nuestra vida y retirarnos a meditar a un monasterio perdido en las montañas.

Os lo recomiendo: creo que puede ser muy útil para el día a día. Yo ahora voy a empezar una segunda lectura más en profundidad. Para que vayáis pensando un poco, os dejo, junto a esta imagen que me parece muy hermosa, algunas frases extraídas del libro.

"Debes saber que los apegos esclavizan, atan, condicionan y generan miedo, egoísmo, mezquindad, celos, soberbia, dependencia... 
Pero no te alarmes, pues para seguir la Vía del Zen no necesitas renunciar a todo, bastará un cambio de actitud, porque las cosas no son malas ni buenas en sí mismas... sólo la cuerda que nos ata a ellas lo es(...). El Zen no pide renunciar a las cosas, pero sí propone la actitud inteligente de mantenerse desapegado de todo, aprendiendo a disfrutar de cuanto nos trae el día a día, sin temor a perder, ni afán por retener".

"El Zen equipara la atención a un espejo que lo refleja todo, pero no toma nada, ni deforma, ni juzga, ni compara, ni retiene, limitándose a reproducir la realidad tal cual aparece en ese instante".

"El pájaro está alegre porque canta, no canta porque está alegre (...) Si quieres neutralizar las influencias que los factores externos causan en ti, bastará con que cambies la forma de reaccionar ante ellos".

"Se cuenta que un Brahman se acercó un día a Buda y le expuso agriamente toda suerte de críticas y reproches hacia su persona. Buda le escuchó tranquilamente en silencio y sin el menor atisbo de enfado, le dijo:
-¿Has dicho ya cuanto deseabas contra mí?
-Sí, he terminado.
-Entonces recoge cuanto has dicho y llévalo otra vez contigo, porque yo no necesito ninguna de esas opiniones."

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