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domingo, 4 de septiembre de 2016

La herencia paterna




Tomada de:www.elmejorabogadodeherencias.com/

Hace unos días, en esas horas tontas de las vacaciones, me puse a hojear el País Semanal que estaba por ahí, encima de una mesa. ¡Mal momento! Encontré un artículo titulado Nosotros o nuestros hijos de Fernando Trías de Bess (os dejo aquí el enlace por si queréis leerlo entero). Digo mal momento, porque el artículo me hizo PENSAR, y ¡estaba de vacaciones! 

Bromas a parte, me pareció muy interesante y creo que da en el clavo sobre el objetivo de la tarea de todos nosotros, padres, madres, abuelos, abuelas, profes y demás miembros de la sociedad, en la que estamos inmersos: la de educar a las nuevas generaciones.
"El mejor legado se compone de cuatro elementos: valores, conocimientos, educación y experiencias".

Septiembre es mes de buenos propósitos y de cambios, de buenos deseos que se quedan escritos en las hojas del calendario porque también es mes de vuelta a la rutina, de asumir nuestra realidad, esa que nos abruma con sus prisas, sus "tengo que..." y que nos atrapa como un torbellino, sin dejarnos tiempo para la importante: nosotros mismos. Por eso os pido que os paréis ahora que aún es posible  (no ha empezado el cole, no hay que ir corriendo de una clase extraescolar a otra) y nos preguntemos: ¿cuáles son mis valores? (Esos cuatro o cinco que me importan de verdad) ¿Qué estoy haciendo para ponerlos en práctica? ¿Qué puedo hacer para transmitirlos en mi entorno? ¿Qué estoy dispuesto a hacer para lograrlo?

De aquí puede que salga la verdadera educación y podamos proporcionar esas experiencias que los jóvenes necesitan para crecer como personas.

"Ahora que los padres estamos ahí para ayudarles a levantarse, nuestra misión es que prueben y experimenten a una edad en que sus errores, problemas y preocupaciones son aún reconducibles, manejables, gesionables." (Nosotros o nuestros hijos, Fernando Trías de Bes, El País Semanal, 21/08/2016)

sábado, 13 de febrero de 2016

Un vídeo precioso: "La flor más grande del mundo"



He encontrado un corto de animación de 10 minutos que, en tan poco tiempo, no puede encerrar más sabiduría. La historia está escrita por el gran José Saramago, la música compuesta por Emilio Aragón y fue dirigido por Juan Pablo Etchevery. Se estrenó en el 2007 y fue nominado a los premios Goya.
La historia es muy sencilla: en medio de una sociedad, marcada por el consumismo y el lujo (esa urbanización de chalets adosados en medio de la nada, ese folleto que el padre repasa una y otra vez), un niño emprende la aventura de salvar una flor, hasta que la convierte en la más grande y bella del mundo.

En este poema, que corresponde al libro, se encierra toda la trama:
Foto tomada de: cultura.elpais.com

"Baja el niño la montaña,
atraviesa el mundo todo,

llega al gran río Nilo,

en el hueco de las manos recoge
cuanta agua le cabía.
Vuelve a atravesar el mundo
por la pendiente se arrastra,
tres gotas que llegaron,
se las bebió la flor sedienta.
Veinte veces de aquí allí,
cien mil viajes a la Luna,
la sangre en los pies descalzos,
pero la flor erguida
ya daba perfume al aire,
y como si fuese un roble
Ponía sombra en el suelo".
(Tomado de la revista Imaginaria).


El vídeo. además de disfrutarlo como el hermoso cuento que es, tiene dos planos diferentes según lo trabajemos directamente con los niños o con las familias.

En el primer caso, podemos abordar los valores como el esfuerzo, la constancia y una actitud de superación que pone en marcha un proyecto personal, aunque no cuenta con ningún medio y en las circunstancias más adversas: está solo y en medio de un desierto. Es poner de relieve el crecimiento personal a través de la motivación del logro en medio de una sociedad en la que todo se consigue rápidamente y sin esfuerzo.

También podemos trabajar el respeto, el respeto por lo pequeño que, dándole el valor de la dignidad, se puede convertir en lo más hermoso y valioso; y, por supuesto, por el entorno que nos rodea: ese destrozo del bosque para construir una urbanización de lujo.

Con las familias, además de lo tratado anteriormente, plantearía la pregunta que Saramago hace al final:

 "Y si las historias para niños fueran lectura obligada para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que desde hace tanto tiempo venimos enseñando?”

Saramago nos plantea el pilar de la educación de los más pequeños: SOMOS UN MODELO para ellos. ¿Cómo queremos que nuestros hijos o alumnos se esfuercen y sean perseverantes si nosotros no lo somos, si no les dejamos que se enfrenten a su vida, que consigan lo que desean por ellos mismos? Compensar con la protección excesiva, proporcionando todo lo desean, significa hacerles un flaco favor. Parece muy simbólico cuando el padre coge el arbolito sin pararse a pensar en las consecuencias de sus actos: la muerte de la flor, ¿quizás estamos enseñando algo así como toma lo que quieras, porque "tú lo vales"?

Por último señalar dos momentos que me parecen muy interesantes: al principio cuando Saramago plantea cómo hablar a los niños y la escena en la que los padres no prestan ninguna atención al niño que quiere enseñarles, todo emocionado, su escarabajo (por cierto, ¡genial personaje!)
Os dejo el vídeo, disfrutarlo!


lunes, 21 de diciembre de 2015

Carta a los Reyes Magos


Foto tomada de: https://2012profeciasmayasfindelmundo.files.wordpress.com


Queridos Reyes Magos:

En estos días en los que andamos todos liados escribiendo la carta con nuestros deseos y nuestra lista de bondades que nos hacen merecedores de recibirlos, yo quiero pediros una cosa muy especial...

El mes de diciembre, mes frío y oscuro, es, además, una época del año difícil y rara ya que, a pesar del frío y la oscuridad, tenemos que demostrar que somos los más felices del mundo porque llega la Navidad o los más amargados, por el mismo motivo. 

Hemos convertido la Navidad en una fiesta tan, tan, tan especial que cualquier cosa que nos saque de los cánones nos hace sentirnos terriblemente mal: la soledad es más grande, las ausencias más tremendas, los problemas enormes y las dificultades imposibles de asumir. Tenemos que comprar como posesos, decorar casas y calles como si no hubiera un mañana y pediros miles de regalos materiales que suplan todas las carencias emocionales que tenemos durante al año: todo ese tiempo del que no disponemos para dedicar a nuestros amigos, hijos, pareja, familia, se suple con regalos que os pedimos para todos ellos, sin darnos cuenta que es más importante escuchar las penas de tu hija adolescente durante un rato en el momento que la traiciona su "mejor amiga", o el cansancio de aguantar las dificultades de llegar a fin de mes de tu hermano,  o darle un abrazo a tu pareja cuando está enfada con el mundo, que llenarlos de regalos un día al año.

Yo os espero con mucha ilusión todos los años; para mí es una fiesta muy especial en la que la magia vuelve a nuestras vidas y en la que todo puede ser posible. 

Por ello, ahora que estamos escribiendo las cartas, os pido que nos concedáis a todos un poco de paciencia para tratar con las personas que nos rodean y podamos escucharlas y comprenderlas; un poco de respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás para que todos nos sintamos mejor unos con otros; un poco de cortesía y buenas maneras que harán más fácil la convivencia; un mucho de agradecimiento hacia lo que somos, tenemos y las personas que nos quieren, y la capacidad de regalar abrazos entrañables y cálidos todos los días del año.

¡Ah! No os olvidéis de la sensatez a la hora de dejar los regalos: no necesitamos tantos; a mi me enseñaron que se podían pedir sólo tres (uno a cada Rey Mago) y una sorpresa. Aún sigo así,  por lo que me pido...


domingo, 15 de noviembre de 2015

¡Portate bien!

¿Nos hemos parado alguna a vez a pensar qué queremos decirle a un niño cuando le decimos portate bien? Creo que no. En muchas sesiones con familias, he hecho la prueba de lanzar esta pregunta y hemos llenado pizarras enteras con el significado de esta expresión.

Cada uno de nosotros tiene un concepto muy diferente de lo que es portarse bien. Para unos es que el niño obedezca inmediatamente, para otros que no se mueva cuando están en un restaurante, que no se suba al sillón, que no se pegue con su hermano, que coma correctamente...
Todo esto  y mucho más es portarse bien y no sólo esto: en cada momento del día portase bien implica una cosa diferente. También es distinto si es con mamá, con papá, con la abuela, con el tío... Pongamos un ejemplo muy común: un niño que corretea por el restaurante, molestando al resto del comensales. Si preguntamos a los padres, el niño se está portando de maravilla porque les deja comer tranquilos. Por el contrario, si preguntamos a los vecinos de la mesa de al lado, tendrán la opinión contraria.

Si nosotros, los adultos, no tenemos claro qué es portarse bien, ¿creéis que un niño puede tener claro qué se espera de él cuando oye esta frase?

El ¡pórtate bien! es un mándala que repetimos una y otra vez, con la esperanza de que, de tanto oírlo, el niño "saque" sus propias conclusiones y se "eduque a sí mismo".
Pero para llegar a ese punto, hay muchos ensayos: ellos hacen cosas y puede ocurrir que tengan la suerte que en ese momento corresponda al ¡Qué bien te has portado!, pero también puede ocurrir que esa misma acción, con la abuela o con papá o dos horas más tarde, sea merecedora del reproche contrario.

Antes de soltar el manido pórtate bien o el cómo no te portes bien... paremos medio minuto y pensemos: ¿qué queremos que haga exactamente? Después se lo diremos, pero con varias condiciones:
  • Lo más concreta posible: cuando estamos en un restaurante, hay que estar sentado en la mesa hasta que terminemos todos de comer.
  • Mejor en positivo: los juguetes se comparten, las cosas se piden por favor y sin llorar...
  • Asegurándonos que el niño nos presta atención: le miraremos y la hablaremos directamente (no a voces de una habitación a otra), preguntándole si nos ha entendido.
  • Si la conducta va a tener una consecuencia (si no compartes los juguetes, nos marcharemos a casa, porque eso significa que no quieres jugar con los demás niños), esa consecuencia hay que cumplirla, por mucho que nos duela. 
Establecer normas y límites es fundamental para un buen desarrollo de los niños, tanto en el plano físico, como en el emocional y en el social (hablaremos más en profundidad de este tema en próximos artículos). Si seguimos con el pórtate bien generalizado y sin medida, lo único que logramos es batirnos en un duelo diario de poder constante y agotador entre el niño y nosotros, los adultos, para ver quién puede más: lo divertido es que luchamos en inferioridad de condiciones: ellos tienen más aguante y una intuición muy fresca que les hace ver en seguida cuáles son nuestros puntos débiles. En este vídeo, que ha circulado por internet, podéis ver lo inteligentes que son los niños y alguna de sus "armas".




viernes, 3 de julio de 2015

¿Sabemos que existen los derechos sexuales?


La Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) definió la salud sexual como"un estado de bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad; la cual no es solamente la ausencia de enfermedad, disfunción o incapacidad. Para que la salud sexual se logre y se mantenga, los  derechos sexuales de todas las personas deben ser respetados, protegidos y ejercidos a plenitud".

Pero... ¿conocemos estos derechos? La declaración de los derechos sexuales fue proclamada en el XIII Congreso Mundial de Sexología en 1997 y revisado en 1999 por la Asamblea General de la WAS (Asociación Mundial de la Salud Sexual).

Se recogen dieciséis derechos que se fundamentan en los derechos humanos universales. Os animo a todos a leerlos y difundirlos (pincha aquí para conocerlos).

A mí me gustaría destacar aquí algunos de ellos que me parecen especialmente relevantes como el derecho a DECIR NO, el derecho a la PRIVACIDAD y el derecho "a una EDUCACIÓN INTEGRAL DE LA SEXUALIDAD, que debe ser apropiada a la edad, científicamente correcta, culturalmente competente y basada en los derechos humanos, la igualdad de género y con un enfoque positivo de la sexualidad y el placer". 

Estos días que la bandera arco iris está presente en las calles de Madrid ondeando su simbolismo de diversidad e inclusividad (realización, dignidad, luz, amor, esperanza y anhelo), me gustaría que todos nosotros (familias, educadores, maestros...) "pensáramos un poco" sobre este tema y las consecuencias que la no aplicación de los derechos supone en cuanto a discriminación, violencia de género, enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados. Quizás si trabajamos una buena educación sexual muchos de los problemas actuales se verían reducidos.

Os dejo aquí dos vídeos que os pueden ayudar a trabajarlos y difundirlos. (hay que situarlos en el contexto en el que se elaboran, pero son muy claros y útiles)




viernes, 30 de enero de 2015

Educando a los Monstruos del armario. 1



Imagen tomada de: desmotivaciones.es/2166488/El-mounstruo-de-las-galletas

En este blog, hemos identificado los miedos con esos "monstruos  que viven en el armario" y que son muy astutos porque pueden salir de allí e instalarse en nuestra mente alimentándose de nuestros pensamientos y haciéndose cada vez más y más grandes hasta que nos dominan.

El miedo es una emoción que nos ha resultado útil a través de nuestra evolución, permitiéndonos identificar los peligros y enfrentarnos a ellos huyendo, atacando, paralizándonos o sometiéndonos: nos incita a buscar una conducta adaptada a la evaluación que hacemos de ese peligro. Pero si no sabemos manejar esta emoción, el miedo puede instalarse en nuestra vida y convertir nuestro día a día en un auténtico y permanente sufrimiento.

Los peques tienen muchos miedos que aparecen según van creciendo y que son absolutamente normales ya que, en muy poco tiempo, tienen que enfrentarse a demasiadas situaciones nuevas. Miedo al abandono, a los extraños, al colegio, hacia la relación con otros, al ridículo, a defraudar a los demás (en especial a los padres)... son pequeños Monstruos a los que pueden vencer si vamos trabajando con ellos para que sean valientes y aprendan a enfrentarse a sus pequeños-grandes problemas.

Sin embargo, creo que educar en el miedo se está convirtiendo en algo más fácil que lo contrario. ¿Por qué afirmo esto?
Porque cada vez estoy encontrando  más situaciones en el que veo a los peques más sobreprotegidos y dependientes de los mayores. Hace unos días, por ejemplo, una amiga, maestra de infantil, me contaba que todavía tenía niños que no controlaban esfínteres, que llevaban su chupete colgando y que para desayunar tomaban un biberón... ¿Con 3 y 4 años? -pregunté, un poco sorprendida. Efectivamente, fue la respuesta.

Independientemente de los daños físicos que estamos causando en el niño permitiendo que no mastique y que sus músculos no se fortalezcan, estamos haciendo al niño dependiente del adulto y la dependencia va alimentado al Miedo porque no somos capaces de enfrentarnos a ninguna de las situaciones que poco a poco nos va poniendo la vida.

En el día a día podemos encontrar muchos momentos en los que, sin querer, ya sea por falta de tiempo, cansancio, "cariño mal entendido", vamos fomentando esa dependencia: desde no permitirle que se vista solo a  responder a sus demandas inmediatamente, sin olvidar la sobreprotección extrema ante posibles peligros (daos una vuelta por el parque y ver en qué condiciones los niños montan en bici o patinan), convirtiendo nuestro día a día con ellos, en una retahíla constante de ordenes, prohibiciones y advertencias.

¡Ojo! no digo que haya que dejarles meter el dedo en el enchufe, no me malinterpretéis, pero, asegurando las condiciones de su entorno y vigilando desde la trasera, debemos dejar que los peques descubran, toquen, huelan, suban, tropiecen... y sientan por sí mismos. En mi pueblo, que como buenos manchegos tienen dichos para todo, se dice: nunca se experimenta en cabeza ajena.

Empecemos por dejar que asuman pequeñas responsabilidades de acuerdo con su edad como vestirse solo, preparar su cartera, su ropa, poner y quitar la mesa... Y, por supuesto, la responsabilidad de saber qué deberes tiene que hacer (madres, por favor: ¡salir de los grupos de WhatsApp del cole!). Si vamos reforzando sus logros, se irá generando en ellos confianza y seguridad en sí mismos, armas fundamentales para luchar con el Monstruo.
Son fundamentales, pero no las únicas, por lo que dedicaremos más reflexiones a este tema.


                   TODAS NUESTRAS REFLEXIONES SOBRE EL MIEDO

martes, 2 de diciembre de 2014

Familias: ¿Qué pensáis del "profe" de vuestro hijo o hija?





En el artículo ¿Qué esperamos de los profesores y la escuela? empezamos a reflexionar sobre el papel que le conferimos a la escuela en nuestra sociedad. En él, concluimos que día a día tanto la sociedad como las familias nos vamos quitando responsabilidades para dejarlas en manos de la escuela y por ende, en manos de los docentes que ya os aviso ¡son humanos! y que tienen que cumplir unos objetivos y hacer que nuestros pequeñajos "sean hombres y mujeres de provecho".

Si depositamos la educación de los que serán las mujeres y los hombres del mañana en los docentes, ¿les damos el crédito y la autoridad que necesitan para poder llevar a cabo su labor?
No hace mucho y ante las agresiones sufridas por muchos docentes, se les dio el título de autoridad, pero... ¿respetamos esté papel? ¿Les transferimos realmente la autoridad (nacida del respeto) que se merecen?
Por favor, familias, parar y pensar un poco... ¿qué pensáis del profe de vuestro niño o niña?

Repasemos algunas frases que dichas una y otra vez han ido mermando poco a poco el respeto que nos merecía ese MAESTRO O MAESTRA (ya sé que hay muchos Ornitorrincos sueltos, pero también son muchisimos más los Búhos).

"Mi niño ha aprobado"; "A mí niño le han suspendido": Aprobar y suspender lo hace siempre el estudiante: ¿por qué trasladamos sólo la responsabilidad de suspender al profesor?

"A mi hijo le tienen manía": ¿realmente creéis que ésto es así? Retroceded a vuestra infancia y acordaos de cuando le decías a vuestros padres que la seño os tenía manía... Venga sed sinceros: cuando os "perseguía" porque no terminabais las tareas, cuando os castigaba por no parar quietos en clase...

"Este examen está mal corregido": puede ocurrir que se equivoquen al sumar la puntuación, que se les escape un resultado... ¿Habéis corregido alguna vez 25 exámenes (según la vieja ratio) de un grupo multiplicados por cinco o seis o incluso siete grupos en un fin de semana (los exámenes se corrigen en casa)?
Pero ya no es que se equivoquen en la nota... ¡es que les rebatimos los contenidos! Por favor: ser empáticos (ya que está muy de moda) y poneros en su piel: Cuándo estáis en vuestro trabajo, ¿cómo os sentiríais si vuestro cliente, paciente, pasajero... os dijera que no tenéis ni idea de vuestro trabajo?

Así, podría seguir con muchas frases más pero se haría interminable el artículo..  aunque no me resisto a una última: ¡Es que los profesores tienen muchas vacaciones! o ¡Tienes más vacaciones que un maestro!
Estas frases me resultan especialmente ofensivas cuando las oigo allá por la última quincena de agosto...
Cada vez que alguien dice está frase, le pido que haga un pequeño ejercicio de imaginación: Tienes un hijo (o dos), ¿verdad? ¿Cuánto tiempo pasas un día de diario con él, dos, tres, cuatro horas...? Pues imagina: pasar siete horas (las que pasas en tu trabajo) seguidas con 25 niños como tu hijo a los que tienes que mantener sentados en una silla y callados durante ese tiempo y, además, de los que tienes que conseguir que te presten atención, que aprendan y que no se aburran, ¿te sentirías capaz de hacerlo durante una semana? No digo nada más.

Entre todos podemos conseguir que los maestros y las maestras, los "profes", reciban no ya el reconocimiento a su trabajo, un trabajo callado y al que dedican muchas más horas de las que están en el colegio o en el instituto (¿pensáis que se puede dar una clase  de cualquier nivel sin prepararla antes?) sino el respeto y la confianza que merecen si dejamos en sus manos lo que más nos importa. Los niños tienen que sentirse seguros y confiados en todos los ámbitos de su vida. Si nosotros "despreciamos" el trabajo de los docentes ellos también lo van a despreciar y las consecuencias se reflejarán en tus hijos: al fin y al cabo familias, el profe sólo convive con vuestro hijo o hija un curso, vosotros toda una vida.












sábado, 15 de noviembre de 2014

Seguimos con el miedo...


Imagen tomada de:  3.bp.blogspot.com

Como veis, últimamente estoy trabajando con el miedo, bueno mejor si lo hacemos "cachitos"  y decimos con "los miedos",  ya que parecen un poco más enfrentables.

El miedo es una de las grandes emociones y todos, en mayor o menor medida tenemos miedos: a las arañas, los petardos, a las aglomeraciones de gente, a tomar decisiones, a enfrentarnos a nuestro jefe, a reclamar una deuda o un libro prestado, a devolver un plato que no está en condiciones en un restaurante, a hablar en público... La lista puede ser interminable (miraos "por dentro" y añadir los vuestros si no están en la lista).

Todos estos miedos son más o menos normales y podemos vivir con ellos. El problema es cuando estos miedos se hacen tan ingobernables que, son ellos y no nosotros quienes controlan nuestra vida. Es importante que le pongamos nombre y aprendamos desde pequeñitos a manejarlos para que podamos reducirlos y hacerlos desaparecer (profes, padres, abuelos: aquí tenéis una tarea más).

En este esfuerzo por vencer a los miedos, os recomiendo encarecidamente la lectura de Anatomía del miedo de mi admirado José Antonio Marina en el que de una manera brillante, amena y, en ocasiones, hasta divertida, nos lleva de la mano por esos armarios llenos de monstruos que todos tenemos.


Os dejo aquí la Carta a mí mismo que os puede ayudar en vuestra personal lucha (por si os da pereza enfretaros con el libro) que se encuentra en el capítulo siete.
¡Ánimo, valientes!

"CARTA A Mí MISMO DÁNDOME NUEVE CONSEJOS CONTRA EL MIEDO
Estimado amigo:
Te has librado por los pelos de ser un Kafka sin talento, y como los miedos están agazapados y pueden volver en cualquier momento, te doy nueve consejos de urgencia para enfrentarte a ellos: 

1. Distingue los miedos amigos de los miedos enemigos. Los amigos te advierten del peligro para librarte de él, no para entregarte en sus manos. Los amigos te preparan para acometer, los enemigos te disuaden de que lo hagas y, además, te vampirizan, o sea, te dejan exangüe.

 2. Tú no eres tu miedo. Una de las artimañas más insidiosas usadas por el miedo para debilitar nuestra fuerza es que nos identifiquemos con él y nos sintamos avergonzados. Esto nos condena al silencio, al secretismo y nos impide buscar ayuda. Los miedos son algo que soportamos, como la úlcera de estómago. Tienes que pedir respeto por tus miedos, como por tus otras dolencias.

 3. Debes declarar la guerra a los miedos enemigos, que han invadido tu intimidad. Hay que movilizarse, es decir, adoptar una postura activa. Recuerda lo que leíste en el libro de M. J. Mahoney Psychotherapy Process: «Hay que mantener el énfasis sobre las acciones, como es característico del planteamiento conductual de los problemas clínicos. Por ejemplo, sospechamos que las investigaciones futuras revelarán que gran parte del éxito de la terapia racional emotiva de Ellis —tan atractiva para los terapeutas de orientación cognitiva— se debe al énfasis que se pone en las obligaciones de la vida real, y al interés del terapeuta en que el sujeto actúe de forma distinta a la de ocuparse del análisis racional de las ideas irracionales.»

 4. Tienes que conocer a tus enemigos y a sus aliados. Hay que conocer las estrategias del miedo, las circunstancias en que prefiere atacar, sin olvidar que es un fenómeno transaccional, que surge de la interacción de un factor subjetivo —tú— y de un factor objetivo —tu circunstancia—. El enemigo está, por lo tanto, fuera y dentro de ti. Dentro de ti están las falsas creencias que lo alimentan, el miedo al esfuerzo, y, si me apuras, estás como todos nosotros intoxicado de comodidad. ¿A cuántas cosas has dado poderes plenipotenciarios sobre tu vida, es decir, cuántas cosas insignificantes has convertido en imprescindibles? «Lo que poseo, me posee», dijo Nietzsche previendo sin duda nuestra época de hipotecas generalizadas en lo inmobiliario y en lo anímico.

 5. No puedes colaborar con el enemigo. Todos podemos ser colaboracionistas sin darnos cuenta. El miedo es invasor y como todos los invasores tiende a corromper al invadido. Puede apoderarse de la conciencia entera del sujeto, alterar sus relaciones. Conviene por ello que lo aísles dentro de tu dinamismo mental. No intentes justificarlo. No puedes decir: «Hoy no voy a esa reunión porque va a ser muy aburrida», cuando deberías reconocer: «No voy a esa casa porque me da miedo la gente.» No puedes decir: «No me vale la pena reclamar por una cosa tan boba», cuando en el fondo lo que estás pensando es que no sabes cómo hacerlo o que no te atreves. 

6. Tienes que fortalecerte. Te daré una fórmula infantil por su simplicidad: La solución para luchar contra el miedo es disminuir el peligro o aumentar los recursos personales. En primer lugar, tienes que preparar tu organismo para la batalla. El miedo emerge de la biología, aunque no se reduzca a ella. Está demostrado que el ejercicio físico es un antídoto contra la angustia. Proporciona además una nueva relación con el cuerpo y con las sensaciones que proceden de él. Aumenta la tolerancia al esfuerzo. No olvides que las personas con tendencia a la angustia soléis eludir el ejercicio físico. 

7. Háblate como si fueras tu entrenador. El modo como conversamos con nosotros mismos, y la influencia que tiene en nuestro estado de ánimo ese Otro íntimo con que conversamos, nos permite acceder o no a las fuentes de nuestra energía. Los entrenadores saben muy bien que el atleta debe animarse a sí mismo antes de dar el salto. Y los terapeutas más conspicuos insisten mucho en preguntar al paciente los comentarios que se hace en secreto sobre la terapia que está recibiendo. Saben que una actitud displicente o unos comentarios acres o devaluadores van a limitar la eficacia del tratamiento.

 8. Debilita a tu enemigo. Critica las creencias en que se basa. Desenmascara sus jugadas de farol. Búrlate de él. Desarrolla el sentido del humor para desactivarlo. Aprovecha todo lo que sabes para hacerle daño. Y sabes dos cosas al menos. Primera: que las técnicas para desprestigiar el estímulo peligroso son la desensibilización imaginaria o real. Exponerse gradualmente, en vivo o en imagen. Segunda: que las creencias erróneas son el caballo de Troya del que se sirve el miedo para entrar dentro de ti. Hay que detectar esas creencias, criticarlas, discutirlas, arrinconarlas y, cuando estén lo suficientemente debilitadas, darles una patada en el culo —porque las ideas también tienen trasero— y sustituirlas por otras creencias adecuadas para vivir.

 9. Busca buenos aliados. Es difícil combatir el miedo solo. Y si el miedo es patológico, imposible. Busca, pues, consejo y ayuda de personas competentes. Y, si tienes esa suerte, busca a quien pueda darte ánimo cuando estés desalentado. Las redes de apoyo afectivo son la mejor solución a muchos de nuestros problemas, incluido el miedo, pero tienen un defecto: no dependen sólo de nosotros. Recuerdo que uno de mis maestros de juventud, Maurice Merleau-Ponty, repetía: «Un hombre vale lo que valen sus relaciones.» No sé si tenía razón, pero sé que me hizo ver que crear una red de afectos es una de los grandes triunfos de la inteligencia. "

jueves, 18 de septiembre de 2014

¡GRACIAS, ABUELOS!

Por fin ha llegado la jubilación y tenéis todo el tiempo para dedicaros a disfrutar; los hijos ya se han marchado y podéis redecorar vuestra casa y crear espacios para vosotros, vuestra música, aficiones... Y de repente... ¡Llegan los nietos! ¡Qué alegría! ¡Una nueva ilusión! ¡Podré disfrutar con ellos todo lo que no pude disfrutar con mi hijo!...

Pero en muchos casos, no es verdad. Las condiciones socioeconómicas en las que vivimos, hacen que los abuelos tengan que asumir el cuidado de los nietos durante jornadas maratonianas: llevarles al cole, darles de comer, hacer los deberes... hasta que unos agotados padres llegan a recogerlos para darles la cena, el baño y a la cama (aunque, en ocasiones, estas tareas corresponden también a los abuelos).

Este no es el papel del abuelo: los abuelos tienen que jugar con sus nietos, enseñarles a montar en bici, "malcriarlos", compartir cuentos, recuerdos, chuches... todo eso que añoramos de nuestros abuelos y que, probablemente, sean algunos de los momentos más bonitos de nuestra infancia.

Desgraciadamente estamos convirtiendo a los abuelos en "cuidadores a jornada completa" de nuestros hijos sin pensar en cómo les afecta a su salud tanto física como emocional. Les sometemos a un nivel de estrés para el cuál "no tienen edad" (y no me malinterpretéis), sabiendo que muy pocos de ellos nos van a negar nada ("Yo, por ayudar a mi hijo/a, hago lo que sea") y no van a decir NO, no puedo.

Así descuidan su salud y dejan de lado sus aficiones, sus intereses, actividades... por cuidar a los nietos.

Padres: quiero haceros una llamada de atención desde aquí y os pido que reflexionéis con sinceridad sobre todo aquello que dejáis en sus manos. Pensad realmente en qué necesitáis su ayuda y hacer que la carga sea lo más liviana posible.

Y sobre todo y lo más importante: FACILITARLES EL TRABAJO. ¿Cómo? Hablando con ellos y estableciendo acuerdos sobre las normas y los valores que queremos educar en nuestros niños y sobre todo y por encima de todo, dotándoles de autoridad delante de los peques: si lo ha dicho la abuela, se hace.

¡Gracias, abuelos, por todo lo que nos habéis enseñado, ayudado y especialmente por todo el cariño que nos habéis dado a todos los nietos del mundo!