jueves, 18 de septiembre de 2014

¡GRACIAS, ABUELOS!

Por fin ha llegado la jubilación y tenéis todo el tiempo para dedicaros a disfrutar; los hijos ya se han marchado y podéis redecorar vuestra casa y crear espacios para vosotros, vuestra música, aficiones... Y de repente... ¡Llegan los nietos! ¡Qué alegría! ¡Una nueva ilusión! ¡Podré disfrutar con ellos todo lo que no pude disfrutar con mi hijo!...

Pero en muchos casos, no es verdad. Las condiciones socioeconómicas en las que vivimos, hacen que los abuelos tengan que asumir el cuidado de los nietos durante jornadas maratonianas: llevarles al cole, darles de comer, hacer los deberes... hasta que unos agotados padres llegan a recogerlos para darles la cena, el baño y a la cama (aunque, en ocasiones, estas tareas corresponden también a los abuelos).

Este no es el papel del abuelo: los abuelos tienen que jugar con sus nietos, enseñarles a montar en bici, "malcriarlos", compartir cuentos, recuerdos, chuches... todo eso que añoramos de nuestros abuelos y que, probablemente, sean algunos de los momentos más bonitos de nuestra infancia.

Desgraciadamente estamos convirtiendo a los abuelos en "cuidadores a jornada completa" de nuestros hijos sin pensar en cómo les afecta a su salud tanto física como emocional. Les sometemos a un nivel de estrés para el cuál "no tienen edad" (y no me malinterpretéis), sabiendo que muy pocos de ellos nos van a negar nada ("Yo, por ayudar a mi hijo/a, hago lo que sea") y no van a decir NO, no puedo.

Así descuidan su salud y dejan de lado sus aficiones, sus intereses, actividades... por cuidar a los nietos.

Padres: quiero haceros una llamada de atención desde aquí y os pido que reflexionéis con sinceridad sobre todo aquello que dejáis en sus manos. Pensad realmente en qué necesitáis su ayuda y hacer que la carga sea lo más liviana posible.

Y sobre todo y lo más importante: FACILITARLES EL TRABAJO. ¿Cómo? Hablando con ellos y estableciendo acuerdos sobre las normas y los valores que queremos educar en nuestros niños y sobre todo y por encima de todo, dotándoles de autoridad delante de los peques: si lo ha dicho la abuela, se hace.

¡Gracias, abuelos, por todo lo que nos habéis enseñado, ayudado y especialmente por todo el cariño que nos habéis dado a todos los nietos del mundo!


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