domingo, 15 de noviembre de 2015

¡Portate bien!

¿Nos hemos parado alguna a vez a pensar qué queremos decirle a un niño cuando le decimos portate bien? Creo que no. En muchas sesiones con familias, he hecho la prueba de lanzar esta pregunta y hemos llenado pizarras enteras con el significado de esta expresión.

Cada uno de nosotros tiene un concepto muy diferente de lo que es portarse bien. Para unos es que el niño obedezca inmediatamente, para otros que no se mueva cuando están en un restaurante, que no se suba al sillón, que no se pegue con su hermano, que coma correctamente...
Todo esto  y mucho más es portarse bien y no sólo esto: en cada momento del día portase bien implica una cosa diferente. También es distinto si es con mamá, con papá, con la abuela, con el tío... Pongamos un ejemplo muy común: un niño que corretea por el restaurante, molestando al resto del comensales. Si preguntamos a los padres, el niño se está portando de maravilla porque les deja comer tranquilos. Por el contrario, si preguntamos a los vecinos de la mesa de al lado, tendrán la opinión contraria.

Si nosotros, los adultos, no tenemos claro qué es portarse bien, ¿creéis que un niño puede tener claro qué se espera de él cuando oye esta frase?

El ¡pórtate bien! es un mándala que repetimos una y otra vez, con la esperanza de que, de tanto oírlo, el niño "saque" sus propias conclusiones y se "eduque a sí mismo".
Pero para llegar a ese punto, hay muchos ensayos: ellos hacen cosas y puede ocurrir que tengan la suerte que en ese momento corresponda al ¡Qué bien te has portado!, pero también puede ocurrir que esa misma acción, con la abuela o con papá o dos horas más tarde, sea merecedora del reproche contrario.

Antes de soltar el manido pórtate bien o el cómo no te portes bien... paremos medio minuto y pensemos: ¿qué queremos que haga exactamente? Después se lo diremos, pero con varias condiciones:
  • Lo más concreta posible: cuando estamos en un restaurante, hay que estar sentado en la mesa hasta que terminemos todos de comer.
  • Mejor en positivo: los juguetes se comparten, las cosas se piden por favor y sin llorar...
  • Asegurándonos que el niño nos presta atención: le miraremos y la hablaremos directamente (no a voces de una habitación a otra), preguntándole si nos ha entendido.
  • Si la conducta va a tener una consecuencia (si no compartes los juguetes, nos marcharemos a casa, porque eso significa que no quieres jugar con los demás niños), esa consecuencia hay que cumplirla, por mucho que nos duela. 
Establecer normas y límites es fundamental para un buen desarrollo de los niños, tanto en el plano físico, como en el emocional y en el social (hablaremos más en profundidad de este tema en próximos artículos). Si seguimos con el pórtate bien generalizado y sin medida, lo único que logramos es batirnos en un duelo diario de poder constante y agotador entre el niño y nosotros, los adultos, para ver quién puede más: lo divertido es que luchamos en inferioridad de condiciones: ellos tienen más aguante y una intuición muy fresca que les hace ver en seguida cuáles son nuestros puntos débiles. En este vídeo, que ha circulado por internet, podéis ver lo inteligentes que son los niños y alguna de sus "armas".




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